Carlos Luis Napoleón Bonaparte (1808-1873), sobrino del primer Napoleón y con un pasado de conspirador liberal, se hizo con la Presidencia de la república francesa en 1848 tras los levantamientos populares que derrocaron a Luis Felipe de Orleáns. Se mantuvo en el poder hasta 1870, un largo período de tiempo en el que se dedicó a reforzar su poder llegando a proclamarse Emperador de los franceses en 1852. Durante su gobierno combinó una política interior conservadora y autoritaria, aunque con continuas apelaciones al pueblo, con una política exterior caracterizada por el enfrentamiento con las potencias reaccionarias de Austria y Rusia, lo que le llevará, por ejemplo, a proteger al sultán Abud Medjud (hecho que desembocó en la guerra de Crimea contra Rusia en 1854-56), y a ayudar a los nacionalismos italiano, alemán y polaco, en plena expansión, aunque apenas obtuvo ventajas significativas de estos conflictos. De hecho, la derrota en la guerra contra Prusia en 1870 supondrá el fin del Imperio de Napoleón III. Otra característica de su gobierno fue el expansionismo (Africa, Asia, México) donde dio los primeros pasos que continuará después la III República.