En 1905 la situación política en el Imperio Zarista era catastrófica. El hambre asolaba el país aumentando del descontento popular. Para mayor complicación el Imperio Ruso fue sorprendentemente derrotado y humillado por la flota japonesa. Como consecuencia de todo ello comenzaron numerosas protestas populares que fueron duramente reprimidas, la más impactante de todas ellas la del conocido “Domingo Sangriento” el 22 de enero de 1905 en San Petersburgo. También la famosa sublevación del Potemkin, principalmente de la tropa y no de los oficiales, se inserta en este contexto de descontento social que marca un claro antecedente a la Revolución de 1917. El acorazado Potemkin no logró ningún apoyo por parte de otra nave de la flota y pocos días después su tripulación hubo de marchar al exilio, al pueblo de Constanza, en Rumanía.