La guerra ruso-japonesa comenzó el 8 de febrero de 1905 con un ataque de la armada japonesa a la rusa fondeada en Port Arthur. La guerra ponía en disputa ambos imperios y sus respectivas ambiciones imperialistas en Asia. Todo parecía indicar que Rusia vencería en la contienda sin grandes dificultades, sin embargo su ejército y flota estaban desfasadas con respecto a las fuerzas armadas de Japón, como quedó patente en el enfrentamiento naval de Tsushima donde la flota rusa quedo aniquilada, hecho éste que fue determinante en el devenir del conflicto. Las consecuencias de la guerra fueron importantes desde el punto de vista militar ya que dejó patente la enorme eficiencia de las nuevas armas, como quedaría nuevamente demostrado años más tarde en la Gran Guerra. Políticamente, además, supuso el inicio del camino revolucionario en la Rusia zarista. Para Japón supuso el salto a la escena internacional como potencial mundial. Para el resto del mundo también la victoria japonesa fue importante, especialmente en las colonias pues suponía la victoria de una nación asiática frente al hombre blanco.