La colonización de Oceanía se inicia en el siglo XVIII con la llegada de los británicos a Australia y a Nueva Zelanda. Poco después de la llegada de los ingleses otras potencias como Francia, Estados Unidos y Alemania se anexionaron asimismo algunas islas de la región. Quitando el caso de Australia y Nueva Zelanda, la implantación de las potencias coloniales en Oceanía no obedece tanto a factores económicos ni estratégicos sino más bien a razones políticas, como el prestigio internacional que reportaba tener posesiones coloniales en Ultramar.