A partir del siglo XVIII las potencias europeas impulsadas por la segunda revolución industrial comienzan a expandirse por el resto del globo. Van en busca de materias primas, nuevos mercados, nuevas inversiones, lugares donde liberar sus excedentes demográficos, etcétera. Su superioridad tecnológica facilitará, de manera determinante, la derrota de los pueblos indígenas a quienes se somete a un régimen prácticamente equiparable a la esclavitud. En 1885, con la Conferencia de Berlín las potencias europeas acuerdan las reglas para su expansión en el continente africano. Su dominación del mundo alcanzará hasta mediados del siglo XX, cuando una buena parte de las colonias del mundo comiencen la lucha por la independencia.