Durante el siglo XIX y parte del siglo XX el británico fue el más importante imperio colonial del mundo. Para poder administrar todos sus dominios Inglaterra dividió sus territorios de ultramar en tres categorías. Las primeras eran las colonias en las que la administración dependía directamente del gobierno inglés. Las segundas, los protectorados en los que existía un gobierno indígena pero la autoridad superior era británica. El mayor exponente de este categoría era Egipto. La tercera tipología eran las colonias de poblamiento, a donde eran enviados los supuestos “excedentes humanos” de la metrópoli. Ejemplo de colonia de doblamiento, luego llamados dominios, fueron Canadá o Australia, que disponían de una mayor autonomía política que las anteriores categorías citadas.