En la primera fase de la explotación colonial algunos gobiernos, como el inglés y el holandés, otorgaban el permiso de explotación de un determinado producto en una zona determinada a Compañías comerciales burguesas. Una de las más importantes fue la Compañía Británica de las Indias Orientales (British East India Company) que contaba con privilegios comerciales de monopolio en la India desde 1600. En estos casos el papel de la Compañía excedía el puramente económico, dado que era la encargada de llevar pobladores, crear las instituciones, además de explotar el territorio, es decir, establecer los impuestos, los pactos comerciales, gestionar la propiedad de la tierra con los poderes locales, etcétera. En el aspecto organizativo del territorio poco a poco las Compañías fueron sustituidas por Estados que crearían un cuerpo de funcionarios para la administración de la zona dominada. En este caso concreto, los esfuerzos de la compañía para administrar la India se convirtieron en un modelo de sistema de servicios civiles en Gran Bretaña. A mediados del siglo XIX, el control de la compañía se extendía por la mayor parte de la India, Birmania, Singapur y Hong Kong. En 1813 quedó privada del monopolio comercial y finalmente perdió sus funciones administrativas, pasando la India a convertirse formalmente en una colonia británica.