La «crisis Baring», 1890-1893

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La «crisis Baring», 1890-1893

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La larga depresión que siguió a la crisis de 1882 no terminó en el Reino Unido hasta 1886-87.
La recuperación se vio favorecida por los descubrimientos de oro en Transvaal, pero el auge fue lento y no se hizo general hasta 1889, después de una excepcional cosecha de trigo. El carbón, el hierro y la construcción naval se hallaron en el origen dé la expansión. La producción de hierro y de acero superaba en 1889 el 49 % la de 1886; el número de toneladas construidas se dobló en el mismo período. Este crecimiento estaba ligado al de las exportaciones; la industrialización de Estados Unidos había privado a Gran Bretaña de una de sus principales salidas, pero, en revancha, las exportaciones hacia Australia, Canadá y América del Sur se elevaron y se vieron facilitadas por los movimientos de capitales. En tal caso, «la mercancía seguía al capital». Las inversiones inglesas en el extranjero se habían incrementado al final de la década; el monto de las inversiones en valores coloniales y extranjeros, igual a 95 millones de libras en 1883, alcanzaba 393 millones en 1889. Ciertos bancos se especializaron en la colocación de fondos del Estado y de valores de sociedades extranjeras y coloniales; la casa Baring, en particular, se había convertido en el agente financiero de la República Argentina. Los capitales así reunidos suministraban a estas sociedades y a estos Estados créditos para financiar las importaciones necesarias, especialmente para la construcción de los ferrocarriles; las exportaciones británicas a Argentina duplicaron su valor entre 1885 y 1889, mientras que la red ferroviaria argentina también se duplicaba. Asimismo, las exportaciones hacia Australia crecieron rápidamente, sobre todo después de 1888, puesto que una intensa especulación siguió al descubrimiento de minas de plata.
Durante el período de prosperidad, los salarios nominales se elevaron vivamente (más del 10 % entre 1886 y 1890) y, como que los precios al por menor permanecieron más o menos estacionados, el alza de los
salarios reales fue aproximadamente equivalente. Unos salarios más elevados y la contratación de una mano de obra menos productiva y se vieron acompañados de una alza del tipo de interés. Así pues, el alza de los costes empezaba a recortar los beneficios.
La crisis estalló en Londres en noviembre de 1890, con el hundimiento de la Banca Baring. Este crac fue el resultado de las graves dificultades financieras que afligían a Argentina desde el mes de marzo. El alza de los costes había convertido en deficitarias a la mayoría de las empresas; en julio estalló una revolución. El público inglés abandonó entonces los fondos argentinos y en especial los fondos del Estado. Así pues, la emisión por los hermanos Baring, en 1890, de un empréstito de 10 millones de libras para un programa de obras públicas en Buenos Aires, fue un fracaso total: el 90 % de las suscripciones queda-ron a cargo del banco, el cual, en noviembre, se vio obligado a hacer suspensión de pagos. El Banco de Inglaterra elevó el tipo de descuento al 6 % y decidió asegurar la carga de la liquidación de los negocios de la casa Baring gracias al apoyo de los grandes bancos británicos y a un préstamo del Banco de Francia de 75 millones de francos. El período de pánico fue breve, pero marcó el inicio de una depresión larga que se agravó progresivamente. Los textiles, en especial el algodón, se vieron afectados por la crisis. La depresión se prolongó hasta 1895, después de haber atravesado un máximo en 1893. El paro creció, principalmente en la construcción naval y la metalurgia; estuvo acompañado de huelgas, en especial entre los mineros, los cuales se negaban a aceptar reducciones salariales. Además, los precios bajaron hasta 1896 (-15 %). Al año 1896 corresponde, en promedio, el fin de un movimiento de larga duración de baja de precios. Los intercambios exteriores disminuyeron; las exportaciones hacia Argentina y hacia Australia, que atravesaban igualmente dificultades económicas, disminuyeron. La contracción de los intercambios empeoró en 1893 cuando la crisis se hizo internacional.
La crisis se había iniciado en Estados Unidos en la primavera de 1893, o sea, tres años después de la crisis británica.
El período de desarrollo se inició a finales de 1885 y había estado caracterizado por un movimiento de concentración y, en especial, por la formación de trusts simbolizados por Rockefeller, Carnegie y Morgan. Al comienzo de la expansión, se había desarrollado una intensa actividad en la construcción y, en especial, en los ferrocarriles; después se manifestó una cierta decadencia, y la industria algodonera tomó el puesto preponderante en el progreso. En 1889, la prosperidad era general, comprendida la agricultura. El algodón y el trigo se vendían a precios elevados y la buena cosecha de trigo de 1891 compensaba unas cosechas deficitarias en Europa. La entrada en vigor en 1890 del arancel McKinley, protegió las industrias americanas de la competencia extranjera. Por añadidura, la política monetaria en favor de la plata.
(Sherman Silver Purchase Act), al incrementar la compra y la monetización de este metal, contribuyó también a mantener provisionalmente a Estados Unidos al abrigo de la depresión europea.
La crisis afectó en primer lugar a los ferrocarriles. Su renta neta igual a 120 millones de dólares en 1892 se había reducido a la mitad en 1894 y 1895: 74 sociedades, entre las cuales se hallaban la Northern Pacific y la línea Nueva York-lago Erie, se vieron obligadas a hacer sus-pensión de pagos. La cotización de los valores industriales y, particular-mente, la de los títulos ferroviarios, se hundieron. La crisis se vio agravada por complicaciones monetarias: baja del precio de la plata y éxodo del oro hacia el extranjero. Numerosos bancos quebraron (491 en total en 1893 frente a 80 el año anterior). El tipo de descuento se elevó al 12 % e incluso al 18 % en agosto. En 1894, la depresión era profunda. El paro se extendió y estuvo acompañado de huelgas y manifestaciones, la más célebre de las cuales fue la marcha de los parados sobre Washington (Coxey's army). La depresión se prolongó hasta mediado 1897. En 1896, el republicano W. McKinley había sido elegido para la presidencia. La coincidencia de buenas cosechas en Estados Unidos con malas cosechas en Europa facilitó la recuperación.
En Alemania la crisis había aparecido en 1890 después de un período de industrialización rápida, caracterizada por el acceso de las industrias alemanas al mercado mundial. La producción de hierro y de acero en 1889 superaba en el 45 % la de 1887. Asimismo, se habían formado numerosos cartels durante el período de prosperidad: su número había pasado de 70 a 137. Se manifestaron signos de recuperación desde fina-les del año 1894.
El desarrollo industrial en Francia, después de 1887, fue más lento que en Alemania y en el Reino Unido. El año 1889 estuvo señalado por dos grandes cracs; en enero, la compañía encargada de la construcción del canal de Panamá quedó en bancarrota. Luego le tocó el turno a la Société des Métaux, la cual fracasó en su tentativa de acaparamiento (ring) del cobre, falta de crédito; en efecto, el Comptoir d'Escompte se había visto obligado a hacer suspensión de pagos. Estas quiebras engendraron un pánico bursátil y una crisis temporal de crédito. Sin embargo, la producción de hierro progresó todavía hasta 1892 12 % en relación en 1889). La depresión estuvo acompañada de una reacción proteccionista (tarifas aduaneras Méline), pero no se hizo realmente grave hasta 1893, año de muy malas cosechas, en el curso del cual Francia se vio, a su vez, afectada por la crisis internacional. La depresión terminó en 1895, más o menos en la misma época que en Gran Bretaña.FUENTE: M. FLAMANT, J. SINGER-KEREL, Crisis y recesiones económicas, páginas 41-45. En FERNANDEZ A., Historia Contemporánea, Ed. Vicens-Vives, Barcelona, 1976, págs. 240, 241, 242.