A propuesta del Gobierno Imperial Ruso, expresada a través del ministro del Emperador, residente en este país, se han concedido plenos poderes e instrucciones al ministro de los Estados Unidos en San Petersburgo para dilucidar mediante negociaciones amistosas los respectivos derechos e intereses de las dos naciones en la costa noroeste de este continente. Se había hecho una propuesta similar por parte de Su Majestad Imperial al Gobierno de Gran Bretaña, a la que se ha accedido igualmente. El Gobierno de los Estados Unidos se ha mostrado deseoso de manifestar a través de esta amistosa diligencia el gran valor que siempre ha concedido a. la amistad del Emperador, así como su interés en cultivar el mejor acuerdo con su Gobierno. En las conversaciones suscitadas con motivo de este interés y en los acuerdos en que pueden terminar, se ha juzgado ocasión propicia para declarar, como un principio que involucra los derechos e intereses de los Estados Unidos, que los continentes americanos, por la condición de libertade independencia que han asumido y mantienen, no han de ser considerados en lo sucesivo como lugar de futura colonización por parte de ninguna potencia europea... \\ Al iniciarse la última sesión se declaró que estaba haciéndose un gran esfuerzo en España y Portugal para mejorar la situación de la población de aquellos países y que parecía realizarse con extraordinaria moderación. Apenas es preciso señalar que hasta ahora el resultado ha sido muy diferente del que se esperaba. Siempre hemos sido espectadores impacientes e interesados de los hechos que se desarrollan en aquel cuadrante del globo, con el que tantos tratos hemos tenido y de donde procede nuestro origen. Los ciudadanos de los Estados Unidos abrigan sentimientos de la más sincera amistad en relación con la libertad y el bienestar de sus semejantes de aquel lado del Atlántico. Nunca hemos tenido parte alguna en las guerras de las potencias europeas cuando han sido provocadas por asuntos que con cernían sólo a ellas y nuestra política no mira tampoco a tales objetivos. Acusamos las ofensas y nos preparamos a defendernos únicamente cuando son pisoteados nuestros derechos o cuando se ven seriamente amenazados. Estamos necesariamente conectados de inmediato con los movimientos que se producen en este hemisferio, por motivos que han de resultar evidentes a todos los observadores enterados e imparciales. El sistema político de las potencias aliadas es esencialmente diferente en este aspecto al sistema de América. Dicha diferencia es resultado de la existente en sus respectivos Gobiernos; y a la defensa del nuestro, conseguido tras la pérdida de tanta sangre y de tantas riquezas, evolucionado gracias a la sapiencia de sus ciudadanos más ilustres y bajo el cual hemos disfrutado de una felicidad que no conoce parangón, está entregada toda la nación. Lo debemos, pues a la integridad y a las relaciones de amistad que existen entre los Estados Unidos y aquellas potencias y declaramos que tendríamos por peligroso para nuestra paz y seguridad cualquier intento por su parte de querer extender su sistema a cualquier región de este .hemisferio. Nosotros no nos hemos interferido ni nos interferiremos en las colonias y dependencias existentes, pertenecientes a las potencias europeas. Pero con los Gobiernos que han declarado su independencia y la han mantenido y cuya independencia hemos reconocido basándonos en consideraciones y principios justos, no sabríamos juzgar cualquier interferencia encaminada a oprimirlos o a controlar sus destinos bajo cualquier otra forma por parte de una potencia europea, que como la manifestación de una actitud de enemistad frente a los Estados Unidos. En la guerra entre aquellos nuevos Gobiernos y España declarábamos nuestra neutralidad en ocasión de su reconocimiento y a esto nos atuvimos y seguiremos ateniéndonos siempre que no se produzca ningún cambio que, a juicio de las autoridades competentes de este Gobierno, signifique un cambio equivalente por parte de los Estados Unidos, indispensable para su seguridad. \\ Los últimos acontecimientos ocurridos en España y Portugal demuestran que Europa todavía no se encuentra afianzada. De este importante hecho no puede aducirse prueba más sólida que la de que las potencias aliadas hubieran debido considerar justo, basándose en cualquier principio satisfactorio para ellas, haberse interpuesto por la fuerza en los asuntos internos de España. Hasta dónde puede llevarse tal interposición, basándose en el mismo principio, es cuestión en que están interesadas todas las potencias independientes cuyos gobiernos difieren de los suyos, incluso las más remotas, y seguramente ninguna lo está más que los Estados Unidos. Nuestra política con respecto a Europa, adoptada en una primera fase de las guerras que durante tanto tiempo han conmovido aquel cuadrante del globo, sigue siendo la misma a pesar de todo y estriba en la no interferencia en los asuntos internos de ninguna de aquellas potencias; en considerar al gobierno de facto corno el legítimo gobierno ; en cultivar con él unas relaciones de amistad y en mantener dichas relaciones a través de una política franca, enérgica y humana, aceptando en todos los casos las reivindicaciones justas de cualquier potencia, pero no sometiéndonos nunca a las ofensas de ninguna. Con respecto a aquellos continentes, sin embargo, las circunstancias son marcadamente diferentes. Es imposible que las potencias aliadas extiendan su sistema político a una parte cualquiera de uno y otro continente sin poner en peligro nuestra paz y bienestar; como tampoco cree nadie que nuestros hermanos del sur, de dejarlo, a su albedrío, adoptasen por propia voluntad dicho sistema. Es igualmente imposible, pues, que nosotros juzguemos esta interferencia con espíritu indiferente. Si consideramos la fuerza y re-cursos respectivos de España y de aquellos nuevos gobiernos y la distancia que separa una de otros, resulta evidente que ella nunca logrará someterlos. Sigue siendo auténtica política de los Estados Unidos dejar a las partes valerse por sí mismas, en la esperanza de que otras potencias adoptarán la misma actitud...FUENTE: HENRY STEELE COMMAGER: Documents of American History, II (Nueva York 1944), págs. 235-237. \\