Colombia, los Estados Unidos y el canal de Panamá

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Colombia, los Estados Unidos y el canal de Panamá

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  Colombia contribuyó a la grandeza y poder de los Estados Unidos más que ninguna otra nación en el mundo. Esto que parece una hipérbole es una verdad sencilla, como en pocas líneas puede demostrarse. Al conceder a los Estados Unidos libertad de tránsito por el Istmo, igual a la de que gozaba Colombia, y al acordar, por el contrato de construcción del ferrocarril entre Colón y Panamá, firmado en 1852, las más generosas ventajas, los Estados Unidos se pusieron en capacidad para desarrollar sus territorios de la Costa del Pacífico, a los cuales no se podía entonces llegar al través del continente norteamericano, porque la enorme distancia, las montañas, los ríos, las selvas y las tribus salvajes, imposibilitaban el viaje. Con el ferrocarril de Panamá y con las facilidades de tránsito, los Estados Unidos pudieron encaminar hacia Occidente una poderosa corriente de civilización. \\    Al hacer todo lo que estaba a nuestro alcance para ayudar al progreso de los Estados Unidos, procedíamos en la confianza de que ellos nos garantizaban la soberanía sobre ese Istmo, de que precisamente se servían para su prosperidad, no para alimentar al verdugo de nuestra mutilación. Cambiar la obligación de garantizar la soberanía en derecho a invadir el territorio de la nación amiga fue un evidente abuso de confianza. Malo es asaltar la casa ajena para saquearla, pero es mucho peor valerse para ello de la hospitalidad que se nos ha dispensado. ¡Acción distinguida de valor fue, sin duda, para la poderosa República valerse de la posición privilegiada que se le había concedido para verificar en las tinieblas una sustracción!  \\    Quien no tenga obtuso el sentido de la justicia y de la más elemental moralidad, habrá de confesar que un país que da a otro lo único que tenía y que estimaba como su más rica joya, no debió haber recibido como pago del país favorecido y que tan urgentemente necesitaba el servicio, portase como el más pérfido, malévolo e implacable enemigo. \\    Supóngase que el Tratado de 1846 no lo hubiera celebrado Colombia con los Estados Unidos, sino con Inglaterra o Alemania, como en realidad lo procuró y como era libre de hacerlo; y supóngase que hubiera sido Inglaterra o Alemania la autora de la violación del Tratado, del reconocimiento prematuro de Panamá, de la anexión de la faja del canal y de la exclusiva apropiación de la empresa. ¿Qué hubieran dicho y hecho los Estados Unidos? A su Gobierno y a su prensa los hubiéramos oído tronar contra el atropello, y a la voz de su protesta se habría agregado la de los cañones. Y si de parte de Inglaterra o de Alemania aquello habría sido un crimen, ¿por qué ha de tener otro nombre siendo ejecutado por los Estados Unidos? \\    En nuestra buena fe, nunca imaginamos que el guardador se alzara con la prenda y el fideicomisario moral con el fideicomiso. Además, no perdíamos la esperanza de obtener una garantía colectiva por parte de las demás potencias, lo que preferíamos a la garantía de una sola, para poder oponer los intereses de las unas a los de las otras, mantener el Canal bajo nuestra plena y entera soberanía y resguardar su neutralidad. Es patente la sabiduría de esta política; fue en las Cortes europeas donde faltó la previsión. En 1857 nuestro Congreso expidió una ley que autorizó al Poder Ejecutivo para negociar con las potencias un Tratado que asegurase a la vez la libertad del tránsito para todas y la soberanía colombiana; pero este nuevo en-sayo no alcanzó mejor éxito que en las otras veces. No habiendo sido escuchados, lo que había de suceder era fatal: abandonados, sucumbimos; perdimos el Istmo, pero tarde o temprano las naciones de Europa resultarán más perjudicadas que nosotros, desde que la vía interoceánica no estará neutralizada. Su poder marítimo quedará subordinado al de los Estados Unidos. Colombia quiso una vía para el beneficio universal. El Canal será puramente una empresa política y comercial de los Estados Unidos. Las demás potencias lo aprovecharán mediante el beneplácito de ellos, siempre que sus intereses concuerden con los de ellos, nunca en otro caso; porque la neutralidad ofrecida estará necesariamente sujeta a la conveniencia, a las pasiones y al capricho de los Estados Unidos. Panamá, en la lengua de los aborígenes del Istmo, quiere decir «lugar donde se cogen muchos pescados». La ironía profética del nombre está en vía de cumplimiento. Ya Colombia cayó; otros caerán después de ella. También el yugo que los reyes de España pusieron en el escudo de la ciudad de Panamá parece emblema de un destino manifiesto. \\ RAFAEL URIBE URIBE: Por la América del Sur. Separación de Panamá. FUENTE: VICTOR F. GOYTIA: Las Constituciones de Panamá (Madrid 1954), págs. 117-119.