A mediados del siglo XVIII los cuantiosos beneficios obtenidos en la revolución industrial buscaban donde ser invertidos. Una vez finalizadas las posibilidades de inversión en las industrias textiles el dinero se volcó hacia un sector pujante, el de los ferrocarriles, que se expandieron rápidamente como puede observarse en esta tabla. La primera locomotora de la Historia se puso en funcionamiento en 1825, recorrió 13 kilómetros transportando materias primas. La primera ocasión en que se usó la locomotora para el transporte de pasajeros fue en 1830, en el trayecto entre las ciudades industriales británicas de Manchester y Liverpool. El incipiente desarrollo de los ferrocarriles ayudó a que la industria siderúrgica también comenzara a expandirse.