El sector textil fue el ámbito en el que la primera revolución industrial basó fundamentalmente su expansión. A comienzos del siglo XVIII era uno de los pocos sectores que contaba con una cierta tecnología que facilitaba su producción. El bajo coste de las materias primas y la continua aplicación de avances tecnológicos facilitaron un crecimiento continuado en el sector textil que finalmente derivaba en una reducción del coste final de la materia producida.