MALTHUS (1798). Ensayo sobre el principio de población.

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MALTHUS (1798). Ensayo sobre el principio de población.

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Ensayo sobre el principio de población.En esta obra Malthus expone por primera vez la hipótesis de que si no se controlan los nacimientos, llegará un momento en que la tierra no producirá lo necesario para sus habitantes. La obra abrió una amplia polémica que se ha ido renovando hasta el día de hoy. Es de Malthus la famosa frase de “la lucha por la existencia”. Malthus se apoya en la idea pseudocientífica de que la población del planeta aumenta geométricamente, mientras que la producción de alimentos sólo aumenta en proporción aritmética. Estas ideas se oponían al optimismo antropológico de la Ilustración, que anticipaba una futura edad de oro de la humanidad. Aunque los avances tecnológicos han aumentado desde entonces la capacidad de producción hasta límites insospechados, no es menos cierto que esos mismos avances plantean nuevos retos a la supervivencia humana y que el problema de la superpoblación sigue ocupando una posición central en las preocupaciones del hombre de nuestros días.

La felicidad de un país no depende en absoluto de si es pobre o rico, joven o viejo, abundante o escasamente poblado; depende de la rapidez de su crecimiento, del grado en el que el aumento anual de su producción de alimentos se aproxima al libre crecimiento anual de su población. Esta aproximación es siempre mayor en las nuevas colonias, donde la laboriosidad y la técnica de un país viejo son aplicadas a las tierras baldías y fértiles de uno nuevo. En otros casos, la juventud o vejez de un Estado no es, en este aspecto, de mucha importancia. Es probable que los alimentos de Gran Bretaña se repartan hoy entre los habitantes con la misma abundancia que hace dos mil, tres mil o cuatro mil años. Y existen motivos para pensar que tanto las pobres y poco habitadas regiones montañosas de Escocia como la rica y populosa provincia de Flandes sufren de los mismos males causados por el exceso de población.

Supongamos un pueblo que jamás haya sido invadido por otro más avanzado y que se haya ido civilizando siguiendo el curso natural de su desarrollo; desde el momento en que su producción pudiese considerarse como igual a uno hasta aquel en que pudiese considerarse como igual a un millón, o sea, en el transcurso de muchos siglos, no habrá habido ni un solo período en el que se pudiera decir que la masa de la población estuviese libre de las penas que directa o indirectamente ocasiona la escasez de alimentos. En todos los Estados de Europa, y desde que tenemos datos de ellos, millones y millones de existencias humanas han dejado de existir por esta simple causa; aunque, quizá en algunos de estos Estados, el hambre no se haya manifestado jamás en forma generalizada.

El hambre parece ser el último y el más terrible recurso de la naturaleza. La fuerza de crecimiento de la población es tan superior a la capacidad de la tierra de producir el alimento que necesita el hombre para subsistir, que la muerte prematura en una u otra forma debe necesariamente visitar a la raza humana. Los vicios humanos son agentes activos y eficaces de despoblación. Son la vanguardia del gran ejército de destrucción; y muchas veces ellos solos terminan esta horrible tarea. Pero si fracasan en su labor exterminadora, son las enfermedades, las epidemias y la pestilencia quienes avanzan en terrorífica formación segando miles y aún decenas de miles de vidas humanas. Si el éxito no es aún completo, queda todavía en la retaguardia como reserva el hambre: ese gigante ineludible que de un solo golpe nivela la población con la capacidad alimenticia del mundo.