Para algunos autores, como Bairoch, la revolución industrial lleva implícita una revolución previa en la agricultura. En síntesis, el planteamiento parte de la existencia de una masa importante de agricultores, el 80% de la población activa europea, que, al incrementarse la productividad, estaría mejor alimentada. Ello conlleva un aumento demográfico y la posibilidad de que un excedente de población quedase liberado para la industria. También algunos de los primeros empresarios fueron antiguos agricultores que dieron una nueva orientación a sus capitales. Así pues, para los defensores de la revolución agrícola como paso previo a la industrial, el campo sería el proveedor de alimentos, de mano de obra y de parte de los capitales que posibilitarían el proceso de revolución industrial. Además, la demanda de útiles de hierro para el trabajo de sus tierras convertiría a los agricultores en estimuladores de la industria siderúrgica. Pero aún aceptando la importancia del factor agrícola, hay que señalar que no en todas partes las cosas se producirían de esta manera, ya que en países como Holanda o Inglaterra la agricultura nunca pudo suministrar ni los hombres ni el capital necesarios.