En el siglo XVIII, Gran Bretaña encabezaba la producción mundial de bienes de algodón. Fue allí precisamente donde se inició la Revolución Industrial que transformaría el mundo en el siglo siguiente. El inicio de dicho proceso lo supuso la aplicación de la mecanización a la industria, y en primer lugar a la industria textil. La Spinning Jenny es una hiladora multi-bobina que redujo de forma drástica el trabajo requerido para producir hilo. Esta máquina, inventada en 1764 por James Hargreaves, permitía a un solo obrero producir seis veces más hilo que la rueda de hilar ordinaria, lo que provocó las iras de los hiladores tradicionales (luditas) de Lancashire que veían peligrar sus puestos de trabajo. Gracias a la temprana mecanización, la industria algodonera británica duplicó su volumen cada 10 años hasta el año 1830, siendo Manchester el gran centro de concentración de la producción, y Londres primero y Liverpool más tarde, los grandes puertos exportadores. Poco después de esta moderna hiladora, en 1769, James Watt inventó la máquina de vapor, cuya aplicación en la industria supuso el impulso definitivo en este nuevo proceso de mecanización.