Tras la derrota de Napoleón en Waterloo las potencias vencedoras ven la necesidad de diseñar un nuevo orden en Europa que contrarrestase las ideas liberales que la Revolución Francesa había expandido por todo el continente. Con los acuerdos alcanzados en el Congreso de Viena pretenden así reestablecer la Europa del Antiguo Régimen. Los principios teóricos son el legitimismo (el poder de los reyes es divino), la responsabilidad internacional de las potencias (las principales potencias deben de dirigir la política internacional), los congresos (los conflictos deben de solucionarse en congresos) y el derecho de intervención (en caso de que un país abrace el liberalismo, las potencias europeas tienen derecho a intervenir en el mismo). Sobre la base de lo acordado en Viena se justifica la intervención francesa en España contra la Revolución liberal de 1820.