El Príncipe Metternich (1773-1859) fue un político y diplomático austriaco, enemigo acérrimo de Napoleón, que tuvo una enorme relevancia en la vida política europea tras la caída del Emperador francés. A partir de la derrota francesa, Metternich concentró su esfuerzo en luchar contra todo movimiento revolucionario de orden liberal instaurando así un régimen absolutista en concordancia con las principales potencias de la época, lo que derivó en más de treinta años seguidos de paz en el continente. En el Congreso de Viena (1814-1815), en el que se fijaron las nuevas fronteras de Europa tras la caída de Napoleón, Metternich evitó los planes de Rusia, que trató de anexionarse Polonia, y los de Prusia que deseaba incorporar Sajonia a su territorio. De esta forma, a través de un entramado de alianzas entre Austria, Rusia, Prusia, Inglaterra y, posteriormente, la Francia de Luis XVIII, se estableció un sistema fuertemente conservador cuyos principios políticos fundamentales fueron la cooperación internacional frente a toda amenaza liberal interior o exterior, la conservación y el establecimiento de los derechos de los principales soberanos legítimos y el desarrollo de un sistema fuertemente conservador que finalmente desembocaría en las revoluciones de 1830 y 1848.