Las últimas banderas. (España, 1954/57) [B/N, 74/87 m.]

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Las últimas banderas. (España, 1954/57) [B/N, 74/87 m.]

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FICHA TECNICA

Dirección: Luis Marquina.
Argumento y Guión: Enrique Llovet.
Fotografía: Enrique Guerner.
Productora: Velázquez P.C.

REPARTO

Eduardo Fajardo, Fernando Rey, Rita Maceda, Fernando Fernández de Córdoba, Elisa Montes, Manolo Morán, Félix Dafauce, Mario Berriatúa, Elva de Bethancourt.

SINOPSIS

Drama intranscendente ambientado en la guerra de Independencia de Perú.

COMENTARIO

“Las últimas banderas”, dirigida por Luis Marquina en 1954, era “un auténtico remedo en todos los aspectos (empezando por el título) de “Los últimos de Filipinas”, sólo que aquí se ha sustituido la tozuda defensa de Baler por la no menos cerril de la fortaleza de El Callao en Lima durante los dos años siguientes a la batalla de Ayacucho; la diferencia es que la imitación no tuvo el éxito de su modelo. La base argumental era la amistad entre dos oficiales, de los cuales uno se mantiene fiel a las armas realistas mientras que el otro se pasa a los independentistas. El guión tenía mucho cuidado de no herir susceptibilidades, intentando demostrar que todos son buenos y luchan por una causa que consideran justa: el único personaje más o menos malvado está entre las tropas independentistas, pero se deja bien claro que sus mismos compañeros lo desprecian y, sobre todo, que “ni siquiera es peruano, no se sabe de donde es”; a la larga, de todas maneras, tanta neutralidad se hacía contraproducente, ya que no daba el más mínimo aliciente a la intriga. El primero que no evidenciaba el menor interés era el propio realizador, que afrontaba todas las escenas con absoluta falta de convicción y nulo sentido del ritmo, y por otra parte, la ambientación ofrece algunos lapsus de cierto peso que seguramente causarían la hilaridad entre un público peruano. En este apartado destaca el personaje de la india enamorada de uno de los oficiales. Para acreditar su condición de nativa, la actriz se pasa toda la película vestida de chola, pero con un maquillaje atroz y sin esforzar el menor acento local; el colmo del ridículo llega cuando la hacen intervenir en un cuadro musical y debe esbozar unos pasos de baile típico: cómo contratar un coreógrafo decente debía sobrepasar el exiguo presupuesto, la chica no puede quedar más desairada. Las últimas banderas fue acogida con bastante frialdad tanto en los estamentos gubernativos como entre los distribuidores, hasta el punto de que no se consiguió estrenar hasta 1957. Su nivel artístico era indudablemente bajo y como vehículo ideológico no tenía demasiada utilidad; cuesta creer que alguien pensara que en 1954, solucionado ya el bloqueo de postguerra e introducido el franquismo en Europa del brazo del amigo americano (el del Norte, claro), podía agitarse de nuevo el espantajo del aislacionismo y la resistencia numantina. Para la propaganda del régimen era improcedente insistir en esos desvaríos, aparte de que tampoco resultaba acorde con la realidad del momento. Y cuando una película no responde a las inquietudes que dominan en la sociedad que la produce, está condenada irremisiblemente al fracaso”. (Eli Barta, “La independencia americana en el cine de habla española”)