Una carta de Napoleón al zar Alejandro I

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Una carta de Napoleón al zar Alejandro I

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  Después del desastre franco-español de Trafalgar, que eliminó la posibilidad de invadir las Islas Británicas, la gran obsesión de Napoleón fue el aniquilamiento de Inglaterra. Los medios para conseguirlo serían el bloqueo continental -que tenía que producir el colapso de la economía inglesa- y la lucha que el gran corso estaba dispuesto a llevar desde el Próximo Oriente hasta la misma India, corazón del imperio inglés. Necesitaba para ello que no se abriera un segundo frente en Europa oriental y que Alejandro I observara los acuerdos de Tilsit. La adjunta carta de Napoleón, fechada el 2 de febrero de 1808, perfila sus grandes proyectos. \\    Vuestra Majestad habrá visto los últimos discursos del parlamento de Inglaterra y la decisión que tienen de llevar la guerra a ultranza. En este estado de cosas escribo directamente a Caulaincourt. Si Vuestra Majestad se digna recibirle, él le hará conocer mi opinión. Sólo con grandes y vastas medidas podemos llegar a la paz y a consolidar nuestro sistema. Aumente y fortalezca Vuestra Majestad a su ejército. Todo el socorro y auxilio que yo podré darle los recibirá francamente de mí. No, me anima ningún sentimiento de celos contra Rusia, sino el deseo de su gloria, de su prosperidad, de su expansión. ¿Quiere Vuestra Majestad permitir una advertencia a una persona que hace profesión de serle tierna y verdaderamente afecta? Vuestra Majestad necesita alejar a los suecos de su capital: que Vuestra Majestad extienda por este lado sus fronteras tan lejos como quiera: estoy presto a ayudarle con todos mis medios. \\    Un ejército franco-ruso de 50 000 hombres, quizá con algunos austríacos, que se dirigiera por Constantinopla hacia el Asia, no habría llegado al Éufrates sin haber hecho temblar a Inglaterra poniéndola de rodillas ante el continente. Estoy preparado en Dalmacia, Vuestra Majestad lo está en el Danubio. Un mes después de nuestro acuerdo, el ejército podría estar en el Bósforo. El golpe resonaría en la India, e Inglaterra se sometería. No rechazo ninguna de las estipulaciones previas necesarias para llegar a tan gran objetivo. Pero el interés recíproco de nuestros dos Estados debe combinarse y equilibrarse. Esto sólo puede lograrse mediante una entrevista con Vuestra Majestad, o bien mediante sinceras conferencias entre Roumiantsof y Caulaincourt y el envió acá de un hombre bien compenetrado con el sistema. El señor Tolstoy es un hombre honrado, pero lleno de prejuicios y de desconfianzas contra Francia, muy por debajo de la altura de los acontecimientos de Tilsit y de la nueva posición en que la estrecha amistad que reina entre Vuestra Majestad y yo ha situado el universo. Todo puede ser firmado y decidido antes del 15 de marzo. A primeros de mayo nuestras tropas pueden estar en Asia, y por la misma época las tropas de Vuestra Majestad pueden ocupar Estocolmo. Los ingleses, entonces; amenazados en la India, expulsados del Levante, serán aplastados bajo los pies de los acontecimientos de los cuales la atmósfera estará cargada. Vuestra Majestad y yo hubiéramos preferido la dulzura de la paz y pasar nuestra vida en medio de nuestros vastos imperios, ocupados en vivificarlos y en hacerlos dichosos por medio de las artes y de los beneficios de la administración: los enemigos del mundo no lo quieren así. Hay que ser más grandes, aunque nos pese. Es propio de la sabiduría y de la política hacer lo que ordena el destino e ir adonde la marcha irresistible de los acontecimientos nos conduce. Entonces esta caterva de pigmeos -que no quieren ver que los acontecimientos actuales son de tal magnitud que hay que buscar la comparación en la historia y no en las gacetas del siglo pasado- cederán y seguirán el movimiento que Vuestra Majestad y yo habremos ordenado, y los pueblos rusos estarán contentos de la gloria, de las riquezas y de la fortuna que serán el resultado de estos sucesos. \\    En estas pocas líneas abro enteramente mi alma a Vuestra Majestad: La obra de Tilsit ordenará los destinos del mundo. Quizá, por parte de Vuestra Majestad y de mí, un poco de pusilanimidad nos llevaba a preferir un bien seguro y actual a un estado mejor y más perfecto. Pero ya que en fin de cuentas Inglaterra se niega, reconozcamos que ha llegado la hora de los grandes cambios y de los grandes acontecimientos. FUENTE: VANDAL: Napoleón et Alexandre I: l'Alliancerusse sous le Premier Empire, 1 (París 1911), págs. 242-244.