¡Soldados! Nosotros no hemos sido vencidos. Algunos hombres salidos de nuestras filas han traicionado nuestros laureles, su país, su príncipe, su bienhechor [ ... ]. \\ ¡Soldados! En mi exilio he oído vuestra voz, y he venido superando todos los obstáculos y todos los peligros. Vuestro general, llamado al trono por elección del pueblo y elevado por vosotros, ha llegado: unámonos. \\ Arrancad esos colores que la nación ha proscrito, y que durante veinticinco años sirvieron de unión para todos los enemigos de Francia. Enarbolad esta escarapela tricolor que habéis llevado en nuestras grandes jornadas. Debemos olvidar que hemos sido los dueños de las naciones, pero no debemos soportar que los demás se mezclen en nuestros asuntos. ¿Quién pretende ser nuestro dueño? ¿Quién tendrá el poder? \\ ¡Recoged esas águilas que teníais en Ulm, en Austerlitz, en Jena, en Eylau, en Friedland, en Tudela, en Eckmuhl, en Essling, en Wagram, en Smolensko, en el Moscova, en Lutzen, en Wurchen, en Montmirail! ¿Pensáis que ese puñado de franceses, hoy tan arrogantes, se os pueden enfrentar? Ellos volverán al lugar de donde han venido, y allí, si quieren, reinarán como pretenden haber reinado durante diecinueve años. Vuestros bienes, vuestros rangos, vuestra gloria, los bienes, los rangos y la gloria de vuestros hijos, no tienen más grandes enemigos que esos príncipes que los extranjeros han impuesto; ellos son los enemigos de vuestra gloria, ya que el relato de tantas acciones heroicas que han ilustrado al pueblo francés combatiendo contra ellos, para sustraerse a su yugo, es su condena [...]. \\ ¡Soldados, venid a colocaros bajo las banderas de vuestro jefe! Su existencia sólo se compone de la vuestra, sus derechos no son otros que los del pueblo y los vuestros, su interés, su gloria, no son otros que vuestro interés, vuestro honor y vuestra gloria. La victoria marchará al paso de carga; el águila, con los colores nacionales, volará de campanario en campanario hasta las torres de Notre Dame; entonces podréis mostrar con honor vuestras cicatrices, entonces podréis preciaros de lo que habéis hecho, seréis los liberadores de la patria. En vuestra vejez, rodeados y considerados de los ciudadanos, os oirán con res-peto contar vuestros gloriosos hechos (...) \\ ¡Honor a estos bravos soldados, la gloria de la patria, y vergüenza eterna a los franceses criminales, en cualquier rango que la fortuna les haya hecho nacer, que combatieron veinticinco años con el extranjero para romper la entraña de la patria!