Luis Felipe de Orleans (1773-1850), quien se había identificado en su juventud con las ideas liberales, fue coronado Rey de Francia en sustitución del odiado Carlos X, expulsado del trono por un levantamiento popular, la revolución de julio de 1830. La entronización de Luis Felipe supone la aceptación de uno de los postulados básicos del liberalismo, la soberanía nacional, ya que, por primera vez, el nuevo rey lo es por voluntad de la nación, a quien representaban los parlamentarios. Sin embargo, los desórdenes internos, la difícil situación económica y otros factores, irán haciendo que la monarquía liberal de Luis Felipe fuera apoyándose en gobiernos cada vez más moderados, apartándose de los postulados del liberalismo 1830. La consecuencia será, años más tarde, un nuevo levantamiento contra el rey que había sido entronizado por esta revolución.