En la Alemania de 1848 a la revolución liberal se unen además tendencias nacionalistas de signo democrático-unitario. Lo mismo que en Francia, la crisis de la patata en 1846 y la bancarrota de los ferrocarriles perfilan una situación difícil. Así, desde 1847 se vienen produciendo revueltas campesinas, y levantamientos en las ciudades en los que se pide libertad de prensa, y asambleas formadas tras las elecciones. El triunfo del levantamiento de Berlín (el emperador prusiano, Francisco Guillermo, convocó una Asamblea constituyente elegida por sufragio universal), provocará levantamientos en Sajonia, Baviera y Hannover. Finalmente se acordó la celebración de una Asamblea en Frankfurt, en la que se reunieran representantes de los diversos estados alemanes. Es el llamado Parlamento de Frankfurt, en el que se ponen claramente de manifiesto las diferencias entre los liberales, partidarios de monarquías reformadas, y los demócratas, partidarios de una república federal. Entre estos últimos se encuentra un grupo de izquierda con un programa de contenido socialista. El Parlamento de Frankfurt se distingue por su nacionalismo radical que plantea la formación de una Gran Alemania.