Frente al contenido liberal de la revolución de julio francesa, la revolución belga presenta un claro contenido nacionalista. Así, y aunque se suponían “provincias unidas”, las diferencias económicas, religiosas y lingüísticas entre Bélgica y Holanda eran evidentes. Bélgica tenía más población y un mayor desarrollo industrial, pero la supremacía política correspondía a Holanda. Ello provocó, bajo la influencia de los acontecimientos en la vecina Francia, un movimiento de protesta en Bruselas el 25 de agosto de 1830 en el que se pide la autonomía. Pero serán los intentos de represión por parte del rey Guillermo I lo que provocará un verdadero levantamiento nacional que finalmente les llevará a la independencia. Un Congreso en Bruselas eligió a Leopoldo de Sajonia-Coburgo como soberano y redactó una Constitución (1831), verdadero ejemplo de liberalismo.