Dirección: Roberto Rossellini. Argumento: Basado en relato “Vanina Vanini” (1829), recogido en “Crónicas Italianas” de Stendhal (Marie Henri Beyle).
Guión: Franco Solinas, Antonello Trombadori, Diego Fabbri, Monique Lange, Jean Gruault, Roberto Rossellini.
Fotografía: Luciano Trasatti. Música: Renzo Rossellini.
Producción: Moris Ergas. Productora: Zebra Film (Roma) / Orsay Film (Paris).
Sandra Milo (Vanina Vanini), Laurent Terzieff (Pietro Missirilli), Martine Carol (Comtesse Vitelleschi), Paolo Stoppa (Asdrubale Vanini), Isabelle Corey (Clelia), Antonio Pierfederici (Livio Savelli), Olimpia Cavalli (La femme de chambre), Nerio Bernardi (Cardinal Savelli), Mimmo Poli (Il boia), Claudia Bava, Leonardo Botta (Le confesseur), Nando Cicero (Saverio Pontini).
La historia comienza en Roma en 1823. Vanina Vanini, una princesa romana, se enamora de Pietro Missirilli, un joven carbonario que, fugitivo del castillo de San Angelo, se ha refugiado en su casa. Cuando Missirilli regresa a la Romagna para continuar la lucha, Vanina lo sigue y su amor se transforma en pasión a lo largo de sus encuentros en el castillo de San Nicolò. Pero Vanina percibe de que el fervor patriótico de Pietro lo aleja de ella, pese a haberse entregado totalmente a él, y denuncia a la policía a todos los integrantes de la carbonería local. Cuando Missirilli conoce el arresto, para evitar convertirse en sospechoso de delación, decide reunirse con sus camaradas. Vanina intenta desesperadamente salvar a su amante, pero Pietro rechaza su ayuda y muere en la guillotina en la Piazza del Popolo. Tras la ejecución, Vanina se retirará a la paz de un convento hasta el fin de sus días.
Sugerente retrato de la Italia de la década de 1820 que se enmarca dentro del ambicioso proyecto de Rossellini de realizar un análisis político y social a través de la literatura y el cine en busca de un nuevo realismo.