Dirección: Miklós Jancsó.
Guión: Gyula Hernádi.
Fotografía: Josef Somló, Tamás Somló.
Productora: MAFILM IV. Játékfilmstúdió (Hungaro Mafilm).
János Görbe (Gajdar János), Zoltán Latinovits (Veszelka, Imre / kakastollas), András Kozák (Ifj.kabai), Tibor Molnár (Kabai), István Avar (Vallató I), Gábor Agárdi (Torma (sous le nom Agárdy Gábor)), Attila Nagy, Zoltán Basilides, Lajos Öze (Vallató II), Béla Barsi (Foglár III), József Madaras (Magyardolmányos), János Koltai (Varju Béla), Ida Siménfalvy (öregasszony), Sándor Siménfalvy (öregember), Magda Schlehmann (Juli).
En 1849 la Hungría burguesa ha olvidado ya el movimiento del 48; pero en el campo aumenta la miseria y los rebeldes que aún subsisten, “Los Desesperados”, son tratados como héroes en las canciones populares y como bandidos por la policía. En una fortaleza están encerrados varios cientos de campesinos; mediante el engaño, el soborno y la violencia, los soldados intentan descubrir a los revolucionarios.
Drama histórico sobre la represión del campesinado húngaro tras la derrota del movimiento independentista liderado por Lajos Kossuth en el contento del ciclo revolucionario de 1848. Como es habitual en su director, está estructurado en base a unos pocos planos-secuencia, y realiza una sugestiva reflexión dialéctica sobre la historia húngara.
El cine Jancsó se caracteriza por «una voluntad exploratoria de las posibilidades del plano secuencia, esencia de los vientos del Este, la capacidad para esculpir en el Tiempo. Y esculpir se erige como palabra más aproximada, pues hablamos de un cine tridimensional, la imagen se desliza por el continuo espacio-temporal, el campo se define no a través de los cortes y el raccord, el campo y el contracampo se forman con el movimiento del plano-secuencia,que en cada momento es lo que vemos, lo que selecciona la cámara del espacio mientras el tiempo no deja de transcurrir, realidad temporal que fluye como absoluta mientras el espacio se recorre, siempre de manera espacial, dentro del campo de visión. El manejo que hace Jancsó de este mecanismo en Los desesperados simplemente es increíble, primero porque su concepción histórica es sustancialmente conceptual: las represiones a los campesinos durante la segunda mitad del XIX en el imperio austro-húngaro se ejemplifican en un fuerte, prácticamente cuatro paredes blancas. Y la inmensidad de la llanura húngara,con un viento siempre presente, al modo de Antonioni, perturbando el silencio y azotando las hierbas. Hay momentos muy fordianos,cuando la cámara se para y presta atención a los personajes, habitando grandes espacios y distrubuidos para aprovechar la profundidad de campo. Y el final, pura lucidez, la historia la escriben los grandes nombres, y los desesperados no son más que esa masa anónima, que sufre y muere, por los siglos de los siglos, es algo que nunca cambia» (El Camino de Méséglise).